Gestión de proveedores
Muchas empresas contratan mensajería con un simple correo o una conversación de WhatsApp, sin un acuerdo de servicio (SLA) que defina qué pasa cuando algo sale mal. Funciona bien hasta que un envío urgente llega tarde y nadie tiene claridad sobre la responsabilidad. Un SLA bien redactado evita esa ambigüedad.
El SLA debe especificar en cuánto tiempo se confirma la recepción de una solicitud y en cuánto tiempo se realiza la entrega, según el tipo de servicio — no es lo mismo un envío urgente de Moto Express que una diligencia de Moto Gestión con varias etapas.
Un SLA sin forma de verificarlo es solo una promesa. Exige que cada entrega quede respaldada con hora de recepción, hora de entrega y evidencia fotográfica, para poder comparar el desempeño real contra lo acordado.
El acuerdo debe indicar qué cobertura aplica si un envío se pierde, se daña o se retrasa por causas atribuibles al proveedor, y cuál es el tope de responsabilidad según el valor declarado de lo transportado.
Más allá de la cobertura económica, un buen SLA define qué pasa operativamente ante un incumplimiento reiterado: a quién se escala, en qué plazo se responde y bajo qué condiciones se puede poner fin al contrato sin penalidad para tu empresa.
Un SLA firmado y archivado no sirve de mucho si nadie revisa su cumplimiento. Define desde el inicio qué métricas se van a reportar y con qué frecuencia — puedes ver el detalle en nuestra guía sobre KPIs para medir a tu proveedor de mensajería.
Si necesitas definir un acuerdo de servicio claro con tu proveedor de mensajería, conversemos sobre tu operación específica.
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